Claves para la gestión emocional durante y después del confinamiento.

Hoy en día todos conocemos la importancia de saber manejar nuestras emociones, y momentos como el actual lo convierten en una necesidad. La convivencia en familia 24×7 puede convertirse en un polvorín sino estamos acostumbrados, y adquiere mayor relevancia cuando sabemos que nuestros hijos nos miran y aprenden por imitación. Es una doble tarea y una responsabilidad: por un lado conocerme a mí mismo y aprender a gestionarme, y por otro entender y comprender qué le ocurre a la otra persona, y desde ahí empezar a crear un espacio para la comunicación y el acuerdo, en definitiva un espacio de crecimiento conjunto.

Las emociones básicas son la alegría, la sorpresa, el enfado, el miedo, la tristeza y el asco. Durante la experiencia del vivir confinados, las emociones más presentes (sin menospreciar a la alegría y la sorpresa que sin duda también lo están) son la enfado, el miedo y la tristeza.

Según Leslie Greenberg, las emociones pueden clasificarse de la siguiente forma:

  • Emociones primarias saludables (o adaptativas) que son la respuesta impulsiva a un estímulo, son muy valiosas y necesarias. Por ejemplo, si alguien me insulta, me enfado.
  • Emociones primarias no saludables (o desadaptativas) que parten de un aprendizaje previo y que, ante un estímulo presente se reproduce una respuesta del pasado y pueden perdurar mucho en el tiempo. Suelen ser emociones enquistadas y crónicas; Por ejemplo, una tristeza profunda.
  • Emociones secundarias, que ocultan otra emoción primaria que no se quiere mostrar, o no se percibe o no se acepta; por ejemplo, cuando una mujer ha sido educada en que no debe enfadarse, y ante el enfado muestra tristeza.
  • Emociones instrumentales, que se utilizan consciente y deliberadamente como un medio para conseguir algo. Por ejemplo, el lloro infantil para conseguir algo

Las emociones son una señal para nosotros y los demás, y nos prepara para la acción; nos dan información muy valiosa sobre el estado de nuestras relaciones y si las cosas nos van bien. El pensamiento pone la emoción en perspectiva y hace que tenga sentido.

“Las emociones se basan en el presente, pero están influenciadas por el pasado y ejercen influencia sobre el futuro” L.Greenberg.

¿Qué información importante nos proporciona?

El miedo está relacionado con la necesidad de seguridad, y surge cuando nos sentimos amenazados, independientemente de que el peligro sea o no real.

El enfado está ligado a la necesidad de libertad (en su más amplia acepción) y reconocimiento, pérdida de poder o de control, traspaso de límites.

La tristeza está relacionada con la necesidad de pertenencia al grupo, de amor, y nos informa de cambios, pérdidas y necesidad de reorganizar.

Detrás de cada emoción existe una necesidad no cubierta. Comprenderlo y descubrir cuál es esa necesidad nos sitúa en la posición adecuada para gestionarla, identificando lo que queremos y el camino a seguir.

Las emociones se sienten en el cuerpo, pero tienen lugar en el cerebro y es ahí donde se regulan, a través de nuestros pensamientos. Razón y emoción no pueden separarse.

Según la teoría de Paul Maclean, el cerebro está formado por tres partes:

  • Cerebro Reptiliano (primitivo):corresponde al sistema nervioso que tienen los reptiles y hemos heredado. Existe hace más de 500 millones de años y su función principal es la supervivencia.

No es pensante ni emocional, y carece de voluntad. Se encarga de los instintos y funciones más básicos; es el cerebro que ACTÚA.

  • Cerebro Emocional (límbico): el cerebro de los mamíferos apareció hace más de 200 millones de años. Es el responsable de las respuestas emocionales, es inconsciente y automático; codifica aprendizajes básicos, la memoria implícita, las emociones primarias y el apego. Es el cerebro que SIENTE.

En él se encuentra la amígdala que archiva las experiencias negativas y desagradables que hemos experimentado. Su función es la supervivencia y por ello procesa y expresa rápidamente las emociones (especialmente ira y miedo). Está siempre alerta y ante un peligro puede asumir el control completo del cerebro. Es el llamado secuestro amígdalar.

  • Cerebro racional (neocórtex): aparece hace unos 60 o 65 millones de años. Es consciente y voluntario, y en el que se dan procesos mentales muy complejos, como pensamientos, imaginación, planificación; es el responsable de tomar decisiones sensatas, controlar emociones y el cuerpo, empatizar, ética; es el cerebro que PIENSA.

Es donde recibimos los impulsos y las emociones de los otros dos cerebros y donde se gestionan, además en él se ubican las neuronas espejo responsables de conectar emocionalmente con los demás.

Las emociones son comunes a todos, adultos, adolescentes y niños; no obstante, existen diferencias importantes que tienen su explicación en bases científicas.

En la etapa infantil, el niño nace con sus cerebros reptiliano y emocional operativos y totalmente desarrollados, pero su cerebro racional está en construcción y terminará de madurar entorno a los 30 años.

Además, las emociones en esta etapa son muy intensas, explosivas, cambiantes y las expresan corporalmente; esto sumado a que, como hemos visto, ante una emoción fuerte se puede producir el denominado secuestro amígdalar, que bloquea su aún inmadura capacidad de razonar, nos ayuda a entender mejor su mundo emocional, ¿no te parece?.

Ahora bien ¿cómo gestiono mis emociones y ayudo a mis hijos a gestionar las suyas?.

¡¡¡¡Empieza por ti!!!!. Cuando estés “subido” a una emoción, practica el desahogo emocional sano para evitar que se convierta en una carga emocional. El deporte, técnicas de relajación como el mindfulness, hacer respiraciones profundas, hablar con amigos o familiares, leer, escribir, llorar, o ver comedias son formas sanas de gestionar las emociones dentro de casa.

Una vez que hayas regulado su intensidad, habla con naturalidad de lo que sientes, pon nombre a tu emoción, acéptala, dale la bienvenida y averigua qué información tiene para ti, qué necesidad sientes amenazada y reconduce tu conducta para que sea efectiva.

De esta forma estás creando un espacio “seguro” y mostrando a tu familia que cada uno puede expresar lo que siente y tiene derecho a ser oído y respetado, sin juicios o críticas. Poco a poco tus hijos aprenderán a reconocer en ellos las emociones y al averiguar lo que se esconde tras ellas, a identificar que necesitan, y más adelante con tu apoyo incondicional aprenderán a regular su intensidad a canalizarlas de forma adecuada.